sábado, 28 de marzo de 2015

8. I Don't Want to Spoil the Party

1966

Jugaba con el lapicero pasándolo entre mis dedos. No podía dejar de mover las piernas mientras miraba el sudoku que tenía frente a mí pensando en los números que debía poner.

—... Esto es inútil, ni siquiera puedo pasar del segundo cuadro — dije sin despegar la vista del papel.
—Tal vez tú eres el inútil.

Lo observé en el otro sofá de la oficina de Brian, el que estaba exactamente en la esquina... el más alejado. Se encontraba leyendo "The Daily Telegraph" mientras fumaba un cigarrillo.

—Escucha esto: "¿The Beatles iniciarían su última gira?" — comenzó a reír —¿Cuál será la próxima principal?... ¿John Lennon se casa por 12345 vez? — lanzó un bufido —¿Cómo se pueden adelantar a todo?, malditos perros.

Reí un poco sin dejar a John reír solo por aquel chiste completamente pésimo. Aunque tenía razón, ¿cómo es que podrían saber qué sucede?... Los paparazzis están hasta en el té matutino.

—Buenos días chicos.
—Buenas noches — musité.
—¡Hasta que se te ocurre llegar, querido Eppy! Me estaba agriando de tanto esperar... otra más, y te despido.
—John, cállate — miré a Brian que al parecer ignoró el comentario de John. Bri por su parte, acomodaba rápidamente algunas hojas que llevaba en una carpeta —... ¿Y bien?
paró de hacer lo que hacía, colocó las dos manos en su escritorio dirigiendo su mirada hacia nosotros y suspiró —La prensa supo de la última gira.
—Ya sabemos.
—Y nuestra impresión fue la misma.
—¿Entonces?
—¿Entonces qué? Debemos afrontarlo y claro, hacer esa última gira — apagó su cigarrillo en el cenicero —Aclarar la duda y decir que tienen razón, que no habrá más Beatles en vivo por un largo tiempo...

Brian me miró para que hablara, pensaba que diría algo contrario siempre viendo el lado bueno pero... esta vez era diferente. Sí, en efecto, ya no habrían más giras agotadoras.

—Por primera vez, John tiene razón — tomé la hoja del sudoku, la arrugué y aventé hacia el bote de basura, dando justo en el blanco.
—Está bien. En todo caso, me encargaré de la prensa para que tengan una entrevista lo más pronto posible.
—Yo estoy ocupado hoy, mañana... y pasado mañana.
—Podrían salir George y Ringo, no hay problema.
—Ellos también estarán ocupados, de hecho... voy con George mañana a... algo. Y Ringo, el pequeño gran Ringo tiene una boda.
—¿Paul? — me miró.
—Eh... tengo que... cuidar a Ruth.
—¿Ruth? ¿Tu hermana?
—Sí. Verás, Jim y Angela van los sábados a meditar un poco y llegan hasta el domingo, o bueno... eso me comentaron pero como mencionaron que no tenían niñera, no lo harían... y como el buen hijo que soy, me ofrecí. Sólo son dos meses.
—¿Es tan difícil conseguir una niñera? Por favor, es Jim McCartney... MCCARTNEY, padre del mismo Paul McCartney.
—¿Será que Paulie ha desarrollado un gusto por cambiar pañales? — John rió y bufé.
—Sabes que ante todo, prefiero que tengan privacidad — miré a Eppy —Así que, estoy ocupado también.
—¿Por qué ponen tantos obstáculos? — se dejó caer en su silla —No me importa lo que hagan, conseguiré una entrevista privada para que se publique en todos lados... he dicho.
—Pero Eppy, yo necesito cuidar a Julian.
—Esa ni siquiera tú te la crees — reí irónico.
—He cambiado...
—Sí John, por supuesto que cambiaste — encarnó una ceja —¿Que no tienen cosas que hacer? Vamos, vamos... fuera de aquí.

Brian, gracias al estrés que los Beatles le hacen pasar, comenzó a ordenar todo el papeleo que tenía en su escritorio... que al parecer estaba hecho un desastre. John salió no sin antes decir un: "adiosito cariñitos" y robarse el periódico que leía.

Yo decidí quedarme un rato más para conversar aquella idea que tenía John acerca de la portada del próximo álbum. Quizá hubiera durado unos diez minutos más si no fuera por ver un pedazo de papel caer lentamente del escritorio, y que Brian no lo notara.

—Se te cayó... — tomé la nota del suelo y la miré:

"Susanne Gretchen:
020-684-276" 

Después de sorprenderme, sólo por simple curiosidad, arrugué el pequeño pedazo de papel y lo sostuve con el puño cerrado.

—¿Qué fue? — dijo sin voltear a verme, ni a mí... ni a la nota.
—Ah... nada. En fin, debo irme.
—Que te vaya bien — aun sonaba frustrado —Si consigo la exclusiva, mañana por la mañana iré a cavendish.
—Está bien — me reincorporé y metí las manos a los bolsillos de mi abrigo sólo para guardar la nota —Nos vemos, y trata de tranquilizarte un poco.
—Imposible, pero gracias por el consejo.


...


Nadie podía creer el tono en el que Susanne escuchaba música, antes eran The Hollies, ahora son The Zombies. Recargada en sus codos, acostada boca abajo en la cómoda cama, hojeaba la Vogue más reciente, sin dejar pasar por su mente qué hacer ahora que sólo le quedan Danny y falsas esperanzas de empleo.

¿Qué haría si no quería depender de sus padres? Seguro conseguir un trabajo y ganar dinero para ayudar con el departamento, aunque supiera que a Danny no le preocupaba en lo más mínimo porque, claro... viene de buena familia y aparte ganaba muy bien para esa vida que lleva. Es por eso que cada viernes o sábado salía, sin que le importara tener o no un empleo; eso de trabajar, era más bien por gusto.

Y a todo esto: ¿en qué trabajaría Susanne? Tal vez sería secuestradora de perros o de pájaros, quizá sería cocinera en una casa hogar... o perdidamente, la que destapa las alcantarillas en toda la ciudad de Westminster. Lo que fuera estaba bien para ella... sólo por el momento.

Pasó una hoja de la revista, y entonces apareció Jean Shrimpton con esa belleza única e incomparable. "¿Cómo es que Danny puede decir que nos parecemos? Shrimp es sinónimo de elegancia" pensó lanzando un bufido, y siguió hojeando.

Y su mente volvió a irse... ahora hacia esos Beatles.


***


Estadio Shea, NY.
Septiembre, 1965.




Después de tomar la última fotografía, bajé mi cámara y percibí un olor algo... peculiar.

—Audrey... — toqué su hombro —Audrey, aquí huele a mal...
—¡¿Qué?! — se acercó a mí.
—¡Que aquí huele mal!
—¡No te escucho!
—¡Que eres una tarada buena para nada!
—¡Lo siento, no te escucho! — la chica seguía bailando disfrutando de la música como -quizá- el medio millón de chicas que se encontraba ahí.

The Beatles ahora tocaban "I'm Down" como habían dicho a gritos para que pudieran escuchar, aunque era algo sumamente imposible. Las pobres chicas no podían con su alma... ni con su vejiga. Que The Beatles provoquen tanta emoción como para hacerse del baño mientras bailas, es... es asquerosamente curioso.

Tal vez por el chico que a pesar de gritar tanto, su voz no se desafinaba, creo que se llama Paul McCarthy o algo así. Luego, la manera en la que el baterista mueve la cabeza de un lado al otro y no le importa absolutamente nada, y por último están los otros dos chicos que tocaban felices y emocionados mientras jugaban en el escenario.

Debía reconocer que eran muy buenos, pero es la banda que más está de moda... la banda que las chicas mimadas escuchan, las chicas que se guían por el momento. O simplemente, las que gustan de ellos. La banda pop comercial, algo no tan interesante.


***


—¡Susanne! — Danny abrió la puerta.
—Gracias por tocar.
—Toqué como 1-2-3 veces mujer, ¿podrías bajarle?
bajé el volumen del tocadiscos sin despegar la vista de Danny —¿Contento?
sonrió —Totalmente — se acercó a mí y tomó asiento en la cama mientras miraba la fotografía de aquella revista de moda —¿Estás leyendo algo de Hemingway? — comenzó a burlarse.
—¿Hemingway es editor de Vogue? Porque entonces sí... idiota...
—Uy, tranquila. Sólo quería burlarme de lo culta que eres.
—No soy fanática de Hemingway — cerré la revista —Además, ¿tú lees?
hundió los hombros —Eso no importa... pero bueno, antes que comiences a jugarme, sólo te quería preguntar si tienes planes para esta noche.
—Hmm, ver Doctor Who y... ver Doctor Who.
—Deja de ser tan tarada — musitó —Hay que salir.
—¿De nuevo?
—Claro.
—No creo.
—Por favor, es viernes... y mañana tengo una cita.
dice un "oh" con la boca y me burlé un poco —¿De verdad alguien disfruta de tus encantos?
—Que te cuenten qué tal soy en la cama... o puedes descubrirlo — me guiñó un ojo.
encarné una ceja —¿Y yo soy la que no debe ser tan tarada?
—Bien bien. ¿Qué dices entonces?
—No tengo dinero Danny, estoy en ceros.
—Sue, no te preocupes por eso.

Suspiré y miré su gesto tierno que claro, lo hacía a propósito para que aceptara la propuesta.

—Pues... bien... vamos.
puso una gran sonrisa —Ahora te veo preciosa, me voy a bañar — se reincorporó y comenzó a caminar hacia la puerta.
—Gracias a dios.
—A Jerry Lee Lewis, por favor.
—¿Qué tal Keith Richards?
—¡Amén! — gritó y por fin, salió de ahí.


...


Era de noche cuando llegué por fin a Cavendish. Martha me recibió dando vueltas alrededor de mis piernas y moviendo la cola de un lado a otro. Después de pasearme por toda la casa para ver si Jane había regresado -que no había rastro de ella-, el teléfono comenzó a sonar.

—¿Hola?
—Paulie.
—¿Qué sucede John?
—¿Conversaste con Eppy?
—Algo así, fue difícil... ves que el pobre está muy asfixiado por todo el trabajo.
—¿Casi cuatro años y no se acostumbra a ser mánager de The Beatles? — suspiró —... En fin, iré a cavendish, no tengo nada que hacer.
—¿No que eras hombre ocupado?
rió —¿Te la creíste? — siguió riendo algo irónico —Llegaré en 20 o un poco más.
—Pe...
—Hasta luego, mon chéri.

Colgó.


...


—Hey, no es necesario que toques el timbre tantas veces.
—¿Qué tal si mi suegra me viene persiguiendo?

Y sin abrir paso, John entró.

—¿Tienes el número de Klaus?
—Creo que sí, en la agenda... — señalé el living, tendió su abrigo en mi brazo y caminó hacia allá.
—Necesito hablarle. ¿Qué hora será en Hamburgo?
—Ni siquiera sé qué hora es aquí.

Acomodé el abrigo de John en el perchero de la entrada, y miré mi abrigo al lado de éste. Había olvidado que llevaba el número de Susanne, así que metí la mano en el bolsillo y fui directamente a la mesita del pasillo para dejar la nota -aun arrugada- ahí.

—Oye, ¿sigue sin servir el baño de abajo?
volteé rápidamente para ver a John, que se encontraba prácticamente en mis hombros —Eh... no... ya funciona...
—¿Qué escondes? — me observó encarnando una ceja —Oh ya... podemos fumar un porro juntos, lo sabes.
—Por supuesto — pobre John, pensaba que ocultaba drogas.
—¿Y bien? — sonrió —¿La sacarás o...?
—Sí pero, no está aquí. Subiré por ella.
—Mientras yo voy al baño a hacer mis necesidades.

Asentí y subí las escaleras rápidamente. Al regresar con la hierba, miré a John sosteniendo el porta retrato con la fotografía que Susanne me había tomado.

Sí, le había conseguido un porta retrato, y sí... tenía que ponerla en la mesita del pasillo, justo en medio.

—¿Es la que tomó Susy, no?
—Sí.
—Vaya, te hizo ver bien.
asentí —... ¿Fuiste al baño? — comenzaba a sonar nervioso.
—Claro — no dejaba de ver la fotografía —Ella es buena eh...
—Lo sé, lo sé.
—Sí, lo sabes — dejó el porta retrato en su lugar, observé el papelito que sobresalía con temor que lo tomara, entonces enfocó su mirada en mí —¿Qué pasó?
—Aquí está — sacudí una pequeña bolsita.
—Perfecto.


...




—¿Otro más McCartney?
—No hay papel para prepararlo...

Los pobres chicos estaban más perdidos que nunca. Con los ojos irritados, y unas carcajadas que seguro se escuchaban kilómetros a la redonda.

—Sí, sí hay... vi uno por ahí... — señaló John la mesita de el pasillo que se veía a lo lejos. Entonces se levantó como pudo, tambaleándose un poco y caminando hasta allá.

Regresó con el papel arrugado, así que lo extendió y para su sorpresa, era el número de Susanne.

—¿Cómo es que tienes el número de Susy? Recuerdo que se lo di a Brian — aun estaba un poco consciente al parecer.
—Lo tomé — McCartney no. Ese chico ya estaba perdido, tanto que no pudo ocultar nada.
comenzaron a reír mientras John se acercaba de nuevo al sofá —Hay que hablarle.
—¿Qué?

John ignoró su pregunta y se dispuso a tomar el teléfono.


...


—¡¿Qué?!
—¡Que te calles!
—Yo también te quiero.
—¿De aquí a dónde?
—De aquí hasta esta esquina que cruzaremos, ¿y tú? — seguíamos gritando.
—De aquí donde estoy parado, hasta donde estás tú.
—¿Tan poco?
—Es que no eres Sophia Loren.
—Y tú no eres James Dean, pero aun así te quiero.
—¿De verdad?
—Sí, ¿y tú?
—Igual, te quiero demasiado que duele.

Comenzamos a reír como un par de idiotas caminando sin destino alguno. Bueno, aparte de no ser unas personas coherentes todos los días, debíamos aceptar que nos pasamos un poco de alcohol esa noche.

Llegando al departamento, escuchamos el teléfono. Danny se dejó caer en el sofá sin importarle la llamada, así que contesté.

—¿Siiii?
—¿Está Susy?
—¿Susy? — reí —Ah sí... ella habla.
—Susy querida, adivina quién soy.
—Hmmm, ¿abuela?
rió junto con otra persona —¿Te has drogado?
—Sólo una vez.
—Me refiero a que... ¿estás drogada?
—Eh... no que recuerde. ¿Y tú?
—Sí, nosotros sí. Dice McCartney que...

Miré a Danny que musitó un "¿quién es?" y hundí los hombros.

—¿Quién es McCartney?
—Paul...

Ah, Paul McCartney...

... ¡Paul McCartney! En cuanto reaccioné, abrí por completo mis ojos mientras sentía cómo mi corazón comenzaba a palpitar rápidamente, pero no sabía si era por él... o por el efecto del alcohol que, después de escuchar su nombre, se evaporó un poco.

—¿Quieres hablarle?
—Ponlo.
—¿Hola...? — después de escuchar su voz algo somnolienta, respiré y traté de comportarme por vía telefónica.
—Hola.
—Susanne...
comencé a reír como una idiota —¿Cómo... estás?
—Sentado, pero creo que estoy volando — comenzó a reír igual —¿Y tú?
—Me pasa lo mismo.
—Oye, quiero decirte que... ¿qué?, ah sí... que eres agradable.
—Igual tú.
—Oh, gracias. ¿Cuándo fumaremos de nuevo?
—No lo sé, tal vez cuando el destino lo diga... — bostecé.
—¿Por qué siempre te aburro?
—¿Aburrirme?... qué mentira, puedes seguir hablando.
—¿Será que tienes sueño?
—Para nada — mentí.
—¿Será que no estamos dormidos?
"¿eh?" pensé e imaginé al chico profundamente drogado —Puede ser.
—Creo que... — comenzó a reír.

De pronto, se escuchó un golpe en la bocina del teléfono.

—¡Paulie! — gritó John seguido de unas risas. "Dile que fue un placer hablar con ella y que sueñe hermoso..." logré escuchar la voz de Paul.
—¿Qué sucedió? 
—Ha caído en la alfombra y ahora está roncando... — reímos —Susy, debo llevarlo a su habitación, no puede amanecer aquí.
—Bien.
—Tú también te escuchas mal...
—Tomé unas copitas, pero sólo unas... unas — conté con los dedos —¿Dos? — reí —Realmente no recuerdo. ¿Qué hora es?
—Las 3:10a.m.
—¿Tan temprano y tengo sueño? — volví a bostezar.
—Será mejor que duermas.
asentí sin que él pudiera darse cuenta que lo hacía... ¿tan ebria estaba? —... Cuídate y recuerda amar a tu prójimo.
rió —Lo tomaré en cuenta Susy, adiós...
—Adiós.

Colgué, cerré los ojos y me dejé caer en el sofá.








...




¡Holaaaa! 

Después de tanto tiempo, por fin estoy libre (sólo por dos semanas) y bueno, como ya tenía el capítulo escrito, sólo quedaba subirlo. Los otros dos fueron borrados de mi computadora por un accidente que implicó formateo inesperado :( pero veré qué sucede después de la Susanne ebria.

En fin, quería agradecerles por leer y comentar y escribir cuánto les agrada la historia de la Gretchen y sus escritos. Como las que leen por aquí son las mismas bellas chiks que leen la otra fic, debo darles las gracias por tanto apoyo y cariño, son re groovys.

Por otra parte, espero que estén de lo mejor y que espero leerlas pronto dejando atrás toda la asfixia del reclusorio. Las adoroooo ooo o.

Cuídense mucho,

<3


martes, 3 de marzo de 2015

7. I Don't Want to Spoil the Party

1966




—Gracias por ser tan amable.
—No hay de qué — dijo mientras colocaba una maleta en el sofá —Ufff — suspiró —¿Es la última?
—... Danny, sólo fue ésa.
—¿De verdad existe una mujer con poco equipaje? Wow... sí... y es... Susanne... vaya.
—Fue lo único que traje de Nueva York.
—Apuesto a que ahí... — señaló mi maleta —... se encuentran más LPs que ropa.
—Eh... algo así.
—¿Y es rock n' roll?

Mordí mi labio inferior.

—Susanne, tú no cambias.
—No es rock n' roll... son los LPs de la abuelita. Ya sabes, Holiday, Fitzgerald... hasta Beethoven, un poco de Mozart.
—Déjate de cuentos. Sabes que te conozco lo suficiente... ¿o no, Belle?
—Claro que sí, Emilio.
—... Ya no juego, llegas a los extremos.

Daniel Emilio Henderson es tan sólo dos años mayor que yo. Originario de aquí: Londres. Es hijo de una italiana y de un londinense que se conocieron gracias al arte; una bella historia de amor. Y claro, como un 87% de las personas -incluyéndome-, odia su segundo nombre.

Por lo que suele contarme, se parece más a su madre... y es que si llegaras a conocerlo una sola noche sin que te platicara su vida, sabrías que es más italiano que londinense. Cuenta con esas facciones definidas... no olvidemos el tono de voz con el acento marcado, ese humor no tan humorístico, y el coqueteo empalagoso.

Aunque trabaje de editor en una revista que habla acerca de los artistas del momento, es fotógrafo. Además, dice saber mucho de música y por eso, según él, no le gustan The Beatles ni un poquito. Suele referirse a ellos como: "los que pasarán más temprano que tarde".

Lo mejor es que, ama la fotografía y a los Stones tanto como yo.


***

Finales de noviembre, 1965.






Al ver esas fotografías, mi cariño por esta ciudad comenzaba a crecer. Sabía que debía contemplarla un buen rato... y así fue. Todo se tornaba de un color maravilloso.

—The Rolling Stones, ah — dijo alguien al lado mío que había llegado hace unos... tres segundos. No le había puesto atención hasta que habló.
—Son muy buenos.
—Muy buenos sigue siendo poco — suspiró —Por cierto... bonita rollei, me agrada.
volteé y noté que él también llevaba una cámara idéntica —Lo mismo digo — sonreímos.
—... ¿Estás sola o...?
¿sería bueno decirle a alguien que apenas conoces que estás sola? —Eh... sí. Caminaba por Piccadilly y me percaté de este bar con fotografías de los Rolling colgadas en el pasillo, entonces... tuve que detenerme y, entrar.
—Y qué dices, ¿te agradan?
—¿Que si me agradan? Son... — miré la fotografía que más me había llamado la atención de las cuatro que se encontraban ahí —... fantásticas.
—Bueno, gracias — sonrió —Yo las tomé.
—¡¿Qué?! Es-estás bromeando, ¿no?
—Creo que no.
traté de ocultar mi cara de tonta impresionada —Tal vez no sea algo taaaan impresionante, seguro se ven a cada momento, digo... es Londres.
—Lo mismo dicen de esos Beatles, pero desafortunadamente se encuentran más a ellos que a los Rolling. Y claro, dan más conciertos.
—¿De verdad?
asintió —Lamentable — hizo una pausa mientras me miraba de pies a cabeza —Uhm, te gustan los Stones y tienes una cámara en la mano. Déjame invitarte un trago o algo, sé que valdrá la pena.
—Uhmm...
—Vamos...
—Está bien — sonreí.

Caminamos hacia la barra.

—Por cierto, soy Daniel Henderson, pero dime Danny... suena mucho mejor.
—Susanne Gretchen, pero todos me dicen Sue.


***


—¿Sabes cocinar?
—Un poco, aunque no soy fanática de la carne... ya sabes.
—Joder Sue, pensé que me iba a safar de los restaurantes baratos de una vez.
—Pues... lo siento.
—Bueno, a todo esto... supongo que bajaré de peso.

El teléfono comenzó a sonar. Como se encontraba al lado de Danny, lo tomó al instante.

—¿Ciao?... ¿a dónde?... mierda, es esta noche... sí, claro que iré, además es sábado y no hay planes... groovy, entonces nos vemos allá... — colgó.
—¿Quién era?
—Arréglate Susanne, salimos en una hora.
—¿A dónde?
—A una tocada que dará The Who, ¿vienes?
—¡Claro! — tomé mi maleta y comencé a caminar emocionada hacia el pasillo —Espera... — paré —¿Dónde me quedaré?
—Ah cierto. Puedes... hmm... toma la habitación que quieras, hay dos disponibles, de preferencia la que está lejos de mi cuarto.
—¿La del papel tapiz bonito?
—Eh... sí esa. Tiene baño y todo lo que una chica necesita... así no me molestarás.
—Perfecto, ¡gracias, gracias, gracias! — lo abracé.
—Sí sí sí, de nada. Ahora apresúrate y no tardes milenios como acostumbras.

...

—The Who, ¿vienes?
—Prefiero escuchar a Billie Holiday o algo más tenue.
—No seas nena, ni siquiera Ringo me dijo que no.
—Nah, es que... su música no me agrada tanto.
—¿Sabes la cantidad de mujeres que habrán?
—Sí, y todas locas y gritonas.
—Por supuesto, así como nuestras queridas y hermosas beatlemaniacas... Vamos Paulie, no te hagas del rogar.
—Debo ir a Liverpool.
—¿Ahora? — encarnó una ceja.
—Sí, Jim necesita niñera y... bueno, me ofrecí como buen hijo.
—¿Ahora? — repitió, con la misma expresión.
—¡Que sí!
—¿Y dónde crees que tomarás el tren?
—Me iré manejando idiota.
—¿Ahora?
suspiré —Sí... ahora.
—Buena suerte entonces.
—Gracias. Igual les deseo suerte, no sabes dónde se meten.
—Ya cállate, agua fiestas.

...



—¿Cómo dices que se llama?
—Keith Moon.
—¿Y lo conoces?
—No por ahora... sólo he cruzado unas palabras con el cantante, Roger Daltrey.
—Él es lindo.
—¿Lindo? — rió —Ajá. Dime, ¿cuántas fotografías sacaste?
—Pues, algunas... pero no creo que todas estén bien enfocadas... ¿por qué preguntas?
—Quizá sirvan para la revista.
—¿Y me darás créditos?
—Claro que no niña... — lo miré con cara de asesina —... digo, claro que sí linda — apretó mi mejilla.

De inmediato, sacándonos de nuestras muestras de cariño, un hombre alto de cabello rubio se paró frente a nosotros.

—¡Danny, qué bueno que viniste!
—Hey, Bri... — su compañero y él chocaron puños — Mira, te presento a Susanne — tomó mi hombro.
—Hola, mucho gusto — sonreí y ofrecí mi mano.
—Mucho gusto — la estrechó —Vaya Danny, jamás dijiste que tu novia era muy linda.

Me sonrojé un poco y con mi codo, golpeé un poco el hombro de Danny.

—¿Novia? — rió escandalosamente —Somos amigos... los mejores... algo... íntimos — susurró.
volví a golpear su hombro, ahora menos disimulado —Amigos — confirmé.
—Ya veo... — miró a Danny —¿Conseguirás la exclusiva?
—Trataré.
—En cuanto la tengas, háblame... porque verás...

Sabía que eso no me importaba, así que dejé de poner atención a su plática y enfoqué mi mirada atrás del tal Brian.

Miraba a cada persona... ni una sola se había pasado sin que la viera. A un lado... al otro... y en cada esquina. Al ver a detalle, me percaté de un par algo conocido. "¿Será que son ellos...?" pensé, aunque... no, no creo. Lo único que creo es que estoy comenzando a alucinar.

—¿Y los otros?
—¿Estás loco? Jamás haré una exclusiva con ellos... ese es el trabajo de las revistas pop comerciales.
—Vamos Danny, tienes que abrirte a todo.
—Puede ser, pero no hablemos de eso... Me duele decir que mi querida Susanne tiene una fijación por ellos, ¿verdad Susanne?
sacudí un poco la cabeza al escuchar mi nombre —Disculpa, ¿qué dices?
—Que amas a The Beatles.
—Eh... pues... no es que los ame, sólo pienso que son buenos, y creo que... hasta interesantes.
—Estás en lo cierto Susanne.
sonreí —¿Los conoces?
—¿Qué? — bufó —Ya quisiera tener tanta suerte.
—Sí claro, se necesita muchísima suerte... — dijo sarcástico —En fin, como te seguía diciendo...

Y Danny siguió hablando. Entonces seguí navegando la mirada por todas partes, exactamente donde creí haberlos visto... pero no, no había absolutamente nada ni nadie que hubiera conocido.

... O ya no se encontraban ahí.

—Bien, nos vemos Bri.
—Nos vemos... y hasta pronto Susanne, fue un gusto.
—Hasta pronto, e igualmente — sonreí y vi como Brian se marchaba.
—Hey tú, ¿a dónde viajas tanto si ni siquiera te drogas?
—¿Cómo?
—Estás más ida de lo normal — golpeó dos veces mi cabeza con sus nudillos.
—Auch, déjame. Me aburren tus compañías.
—Que no te den celos primor, es un compañero de trabajo.
—Sabes que soy muy celosa... — dije sarcástica.
—¿Y bueno?
—Danny... no te rías de mí pero... me pareció ver a John y a Ringo.
—¿John Entwistle?
—No tonto, John Lennon y Ringo Starr.
—Ah... puede ser. Ellos iban a estar aquí, son invitados de The Who, me parece.
—¡¿Qué?! — asintió —¡¿Y por qué no me dijiste?!
—Uy disculpa, no pensé que te importara taaaaanto.
—No, y no me importa. Mejor... hay que irnos, ¿quieres?
—¿Y no te importa? — rió y sacó un cigarrillo —Tranquilízate, ¿o quieres uno para la tensión?
—No gracias.
—¿Quieres las llaves de la casa? Por cierto, recuerda sacar una copia.
bufé —Está bien, me quedaré contigo.
—Pero pensarán que eres mi novia...
—¿Crees que es agradable para mí?
—Disculpa pero, soy muy solicitado.
—Sólo porque te pareces a Tony Hicks.
—Como digas... Shrimpton.
reí —¿Qué dijiste?
—Nada... Jean — musitó.
lo miré con los ojos entrecerrados y le quité el cigarrillo de la boca —Mejor sí, necesito tranquilizarme un poco.

...


—Hey, ¿ella no es...? Espera, ¿conoces a Susy?
—¿Susy?
—Susana... Susan... ¡Susanne!
—¿Susanne Gretchen?
—Sí sí, esa famosa chica.
abrió los ojos algo sorprendido —¿Es famosa?
—No... me refiero a la chica de la que hablaban George y Paul, ¿recuerdas?
—¡Ah sí sí sí!... ¿Tú la conoces?
—Cruzamos unas cuantas palabras.
—Es agradable ¿no crees?
—Sí, lo es... y no está nada mal. ¿Será su novio el tipo con el que está? — señalé con mi bebida para que Ringo pudiera ver.
—No creo.
—Habrá que confirmarlo. Vamos, acompáñame.
—Mejor no John, quizá lo es.
—Pues... hay que confirmarlo — repetí —Además esa chica me debe una cita, no podemos dejar que pase la oportunidad.

Comencé a caminar hacia ella.


...


—¿Y no irás a Nueva York?
—No tengo ganas, por eso me quedé contigo.
—Yo te recomiendo que vayas... y no es porque no quiera que estés conmigo, sino que... Habla con tus padres y diles que ya te cansaste de tu universidad.
—Ya se los he dicho pero... ¿Qué tanto ves?

Volteé, siguiendo la mirada de Danny.

—No, por favor — susurró Danny antes de que aquel chico terminara por acercarse a nosotros.
—Hola qué tal... me llamo John, pero tú puedes llamarme "esta noche".
reí —Hola John... — me puse al lado de Danny para no darle la espalda —Te presento a Danny.
—¿Amigos? ¿Novios?

Danny abrió la boca en plan de decir algo que por suerte, logré interrumpir:

—Amigos.
—Ya veo. ¿Qué tal, Danny?
—Qué tal — se notaba su desinterés a kilómetros —Susanne, voy a saludar a más gente... ¿nos vemos después?
—Ehm...
—Sí, sí... ella te ve después.
—Okay... nos vemos entonces.
—Adiós muchachito.

Y vimos como Danny nos dejó.

—Oye, yo podía contestar sola.
—Te estabas tardando — sonrió —Pero hablando de muchachitos... ¿Y Ringo?
—Aquí estoy... Hola Susanne — apareció, con una simpática sonrisa.
—Hola Ringo — sonreí —¿Qué hacen por acá? — pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
—Nos invitaron a la tocada y bueno... no había nada mejor que hacer. ¿Tú qué haces por acá? ¿Te gustan "los Jú"?
—A Danny también lo invitaron, y me invitó. Y claro, pero no demasiado, son muy... — chasqueé los dedos —... muy mod.
—Por supuesto, tal como tú.
bufé —No.
—Pareces.
—Cállate, claro que no. ¿Por qué lo dices?
—Por tu falda negra... y tu chaqueta negra... y...
—No no — interrumpió John —Parece que la sacaron del elenco de una película de Presley... la de...
—¿Jailhouse Rock? — pregunté.
—¡Esa!... das miedo, chica mala. Debes andarte con cuidado.
reí —Bien, ¿sólo querías hacerme burla o...?
—No realmente, quería recordarte mi cita... ¿o ya se te olvidó?
—A nadie se le olvidaría una cita con un Beatle.
—Mejor dicho: con dos — afirmó Ringo.
—No mi querido naricitas, ¿quién rayos te invitó a ti?
—Yo — interrumpí —Vamos Ringo, si quiere seguirnos John... podemos hacer un lugar — tomé su brazo.
—... Joder — susurró John por último.


...


Abril.

"Beber en un pub con John Lennon y Ringo Starr es algo del otro mundo... bueno, mejor dicho... del otro lado del mundo: Londres.

Entre risas, bromas y todo eso, debo confesar que me he quedado con ganas de preguntar más acerca de George y Paul. Sólo hicieron unos cuantos comentarios, esos comentarios que te dejan con un nudo en la garganta...

"Paul aseguró que fumar contigo es... muy interesante" 
"George suele ser callado, pero hablaba mucho de ti"

Entonces sólo pude sonreír y ocultar lo mucho que me interesa el tema de aquel par que faltaba esa noche"










...






¡Hola, hola! Después de un milenio prácticamente, ando subiendo por aquí.

Ya que sólo le queda el final y la despedida a la otra fic, pues necesito avanzar en esta historia que tenía escrita hasta el capítulo 12 y, como no me agradaba cómo iba quedando... este es el capítulo más reciente; espero que les agrade.

Chicas, sólo puedo ponerles: ¿quién les dijo que Paul va a ser el enamorado de la Susanne? descontemos el amor por el McCartney que se me nota a kilómetros, pero no se me adelanten, puede que Paul se haya quedado con el diario de su amiga, ni yo sé.

Bueno, por mi parte: espero que estén de lo mejor con eso de que algunas ya vieron al Ringo y se emocionaron muchísimo que me pasaron la emoción. 

Y también muchísimas gracias por leer y comentar y opinar y así.

Cuídense. Las quiero muchísimo,

<3




miércoles, 28 de enero de 2015

6. From Me to You

1966



Llegué, sabía que iba retrasado... pero el punto era llegar. Después de saludar a cada persona que se me cruzara, entré al estudio y miré a Paul abrazando de su bajo violín.

—Pensé que no llegarías — dijo sin alzar la mirada.
—Pues pensaste mal... — sonreí.

Me acerqué a él y coloqué el sobre de Susanne en la mesa donde se encontraban las notas de Paul que estaba leyendo.

—¿Y esto? — lo tomó.
—Ábrelo.
—¿Qué es?
—Ábrelo — repetí.
—¿Quién lo ha mandado?
pensé dos veces antes de decirle —... Alguien.
—¿Qué te traes, eh?

Me miró extrañado, luego miró el sobre y comenzó a abrirlo. Observó su contenido y metió la mano para sacar las fotografías lentamente.

—Vaya...

Miraba cada una de las fotografías, exactamente unos cinco segundos mientras se formaba una pequeña sonrisa en su rostro.

—Soy muy fotogénico.
reí —O ella te hizo ver así.
—Tal vez... — me miró —¿Cómo es que diste con esto?
—Pues, ella me lo dio.
—¿Cuándo?
—Ayer.
—¿Cómo?
—Uh, ataque de preguntas.

Encarnó una ceja.

—... Verás... me encontré con ella por casualidad, iba caminando y yo manejaba hacia Surrey.
—¿Te dijo algo?
—Dijo que había ido a la oficina de Brian, buscaba que Freda te diera el sobre, pero al final no resultó. Así que bueno, yo me ofrecí y listo.
—¿Qué más?
—¿Quieres que te escriba la conversación?
volvió a mirar el sobre a fondo —Dejó una nota.
—Oh... — esperaba que la sacara —¿La vas a leer o...?
—No hay prisa.

Sacó el pedazo de papel y comenzó a leerlo en silencio.

—Ninguna dirección, ningún teléfono... — volteó la nota.
—No tiene domicilio.
—¿A qué te refieres?
—Bueno... no sé cómo explicarlo. Ella va a la universidad.
—Eso ya lo sé.
—Ajá, pero no sabías que duerme en los cuartos de allí... aparte, me ofrecí a llevarla.
—¿Y dónde estudia?
—No recuerdo el nombre, sólo sé que está algo apartado de la ciudad y que... parece cárcel.
—¿Tampoco tienes ningún dato suyo?
—Sólo eso, ah... y su nombre.
—Qué gracioso. Su apellido también, ¿no?
—Sí, por suerte — seguí con el humor Lennon —Paul, ¿por qué cuando la viste, no le pediste cualquier dato existente?
—Porque... vamos, apenas la había conocido.
—¿Y eso qué? Hay chicas que apenas conoces y te acuestas con ellas.
—Es distinto.
—¿Te importa mucho?
—¿Quién?
—Susanne.
—No, no me importa como tú crees. Me gusta su fotografía, y me gustaría que estuviera cerca de nosotros... nosotros cuatro.
—... Ya aparecerá.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Pasa que siempre la encuentro.
—Claro, ¿siempre significan 3 veces en tu idioma?
—Exacto... a veces va a la tienda de discos.
—Pero la cierran en una semana, ¿recuerdas?
—Ah... cierto.
—George, tienes que llevarme a su universidad.
—¿Estás loco? En ese lugar hay más adolescentes que en un concierto de nosotros, sabes que los rumores comenzarán. Además, no creo que te dejen entrar sólo porque eres Paul McCartney.
—Tiene que haber otra forma entonces.
—¿Te urge tanto?
—No, pero... — hundió los hombros —... no sé.
—Cielos McCartney... — hundí mis labios.
—¿Qué?
—Que...
—Chicos, ¿ya terminamos? — dijeron desde la cabina de sonido interrumpiendo nuestra conversación.
—... Un momento, voy al baño — dijo.

Se levantó y salió del cuarto de grabación.

Después de ver salir a McCartney, vi la nota. La curiosidad me mataba, sabía que no podía ser nada grave... así que me acerqué y la leí como si nadie me estuviera viendo:


"Lamento la demora, pero aquí tienes.

Un pequeño regalo,
espero que te agraden tanto como a mí.

Con cariño:
Susanne Gretchen.

P.D. Cuentas con un gran perfil."


—Hey, ¿qué haces?
bajé la nota —¿Tan rápido regresaste del baño?
—Sí — miró mis manos, que aún sostenían el pedazo de papel. Esperaba una respuesta.
—... Sólo puedo decirte dónde estudia.
—Eso es suficiente — sonrió.

... días después...


—¡Me encanta esa canción! — subí un poco volumen del tocadiscos de maleta que se encontraba en mi cama.

Sonaba "Hit the Road Jack" por el gran Ray Charles.

—Susanne...

Movía la cabeza al ritmo de la música, con los ojos cerrados.

—¡Susanne! — bajó el volumen —¿Ya planeaste tus vacaciones?
—Algo así... ¿Hablamos después? — sin abrir los ojos, toqué el botón de volumen del tocadiscos, pero Audrey quitó mi mano de ahí, provocando que me reincorporara.
—Sue, comienzan la semana entrante.
suspiré —Me quedaré en Londres.
—¿No irás a Nueva York para ver a tus padres?
reí —¿Y que salgan con el sermón de siempre? No gracias. Conseguiré un trabajo temporal y, veré cómo me las arreglo.
—Aquí vamos de nuevo...
—¿No crees que lo haga?
—Pues...
—Audrey, no sé porqué eres tan pesimista conmigo.
—No soy pesimista Sue, es sólo que estás en un país donde no conoces a nadie más que no sea Danny y tus amigos de la universidad... ah, y para terminar, quieres quedarte aquí. Dime, ¿dónde crees que la pasarás? ¿En el cuarto de la universidad? — puso un gesto de disgusto.
—Claro que no. Además, ¿tú qué sabes? Mis amigos podrían ser los mismos Beatles y no lo sabrías porque no sabes qué es lo que hago.
—Claro Sue... The Beatles tus amigos, y yo tomé un café con Marilyn Monroe.
—Ajá, y yo fumé con Paul McCartney.
—Basta de bromas.  Sabes que mis tíos me preguntarán por ti.
—Diles la verdad. Diles que su hija rebelde como ellos dicen, ha decidido ser londinense por una temporada.
—Susanne, ¿será que no entiendes? ¡Harán que te regreses a Nueva York!
—Con mayor razón, debo quedarme aquí y aprovechar las tierras británicas mientras pueda.

El sonido de la puerta interrumpió la plática. Me levanté, caminé a la puerta y hablé por detrás de ella antes de abrir.

—¿Quién es?
—¿Señorita Gretchen?
—Sí, soy yo.
—Correspondencia.
—¿Correspondencia? — miré a Audrey, extrañada.
—Abra por favor.

Abrí la mitad de la puerta.

—Aquí tiene.
—Gracias Miss... — tomé la carta tratando de recordar cómo se apellidaba.
—Nos vemos, que tenga buena tarde.
—... Eh, disculpe... ¿sabe quién la mandó?
—No, señorita. Hoy es día de correspondencia, me entregan el paquete y lo reparto en el plantel.
—¿Día de correspondencia?
—Ya pasó un mes desde el último día de correspondencia.
—Espere, espere — interrumpí —Entonces, ¿esto podría tener un año y apenas me lo entregan hoy?
—Veo que no ha entendido, señorita Gretchen. Esta es la correspondencia que le llegó cualquier día de marzo, el próximo reparto es el mes que viene.
—Pero tendremos vacaciones.
—Algunas personas se quedan aquí.

Escuché la risita burlona de Audrey.

—¿Y qué pasa si es muy urgente?
—En todo caso, podrían llamar a la universidad o podría venir la persona que necesita informar ese algo muy urgente.
—Qué carajo... — tapé mi boca —Oh, disculpe Miss.
—Hasta luego señorita Gretchen — dijo en un tono irritante.
—Hasta luego, y gracias — cerré la puerta después de que se fuera.

¿Quién sería?... recuerdo que mis padres no habían enviado una carta desde hace... hace... muchos días. Ni siquiera sabía que podía recibir cartas. Universidad de Londres, un punto a favor.

"Para: Susanne Gretchen" estaba escrito en una letra enredosa, pero legible.

—¿Quién la manda?
—... Hablando de los cretinos de mis padres... — mentí para cortar el tema.

Tiré la carta a mi cama sin darle importancia mientras Audrey no se iba... pues sabía que preguntaría hasta enterarse por completo y hacer que la abriera frente a ella.

Mientras Audrey hablaba sin callarse, seguía pensando en la carta...

Por alguna razón de fuente, supe que claramente lo había escrito un hombre, probablemente un doctor. No era la letra de Danny, ni de Thomas, ni nadie que conozca dentro de lo que sé.

Londres era muy grande, y conociéndome, no podría haber hecho más amigos en tan poco tiempo...

... o tal vez sí.

...

Marzo.

"Sigo sin creer que me haya respondido. Nada hace que deje de leer esa carta, y cada vez que la leo, pienso en lo dulce que fue de su parte.

Ojalá el ser tan descuidada no provoque que la pierda. Espero que se me ocurra algo para poder conservarla por siempre (si es que se puede).

Estoy emocionada, no sé realmente qué escribir... tal vez vuelva a leerla hasta quedar dormida. Aunque no estoy muy segura de que sea así. 

La pregunta es: ¿podré dormir esta noche?"

2013

Al final si se le había ocurrido algo, pero el pegamento se había secado debido al tiempo, entonces la carta estaba suelta entre las páginas de ese diario.

Recuerdo que Susanne quería que estuviese en ahí para poder leerla por siempre.

Era la primera carta que le había escrito, y claro que no había olvidado de qué se trataba, pero tenía que recordarlo, sólo por nostalgia.

...


"Susanne:

Me encantó tu regalo. Sin duda, te has convertido en mi fotógrafa preferida. Nos gustaría verte de nuevo... John no olvida esa salida que le debes.

Por cierto, creo que fuera de el gran perfil, es más belleza natural.

Con cariño:
Paul McCartney."





...





¡Hola, hola!

Extrañaba subir por acá {después de unos tres siglos} ¡el primer capítulo del 2015!

 Debo aceptar que me está agradando, y la verdad es que tengo pocas ideas para la otra fic... pero espero que les guste como va todo por aquí.

Siento si llega a ser algo enredosa la historia, si tienen alguna pregunta o algo (???) sólo díganme.

Saben que les agradezco mucho que lean, comenten y así.

Las adoro mucho.

Besos y abrazos,

<3



jueves, 18 de diciembre de 2014

5. From Me to You

Marzo.

"Apuesto... interesante... inglés...

¿Qué más? Uhm... tal vez... apuesto... interesante... y también inglés. Sí, supongo que eso lo dice todo.

Paul McCartney, nada más que escribir."

...

1966

—Gracias Danny, te debo una.
—Nada de eso jovencita, tendrás que venir desinfectar el cuarto oscuro.
reí —Claro, mañana a primera hora — contesté con sarcasmo.
—... Sólo porque eres Susanne Gretchen, y espero que con esto vayas directo al camino para ser libre de aquella nefasta universidad.
—De nuevo, gracias — sonreí —¿Deseas ver las fotografías?
—No no, así estoy muy bien.
—Tú te lo pierdes.
—Oh no querida, no me pierdo de nada.

Lo miré tratando de hacer el gesto más tierno que podía.

suspiró —... Vamos, enséñame.
—¡Si tú lo dices!

Saqué la secuencia fotográfica rápido pero con cuidado, las tomó y comenzó a mirarlas con detalle.

—¿Qué dices?
—Joder Sue... lo embelleciste.
negué lentamente mientras veía la fotografía —El chico es muy fotogénico... digo, con ese rostro — hubo una pausa mientras colocaba una mano en mi barbilla ocultando una sonrisa —Hablando de su rostro, debo decir que es muy cautivador, sus facciones... sus...
—¿Eh? — interrumpió —Para ya, o devolveré la comida.
—¿Qué dije?
me miró con el ceño fruncido —Nada. Creo que ya te ibas ¿no?
—Ah, sí sí... — me dio las fotografías mientras me miraba y las tomé —Luego te veo — terminé por guardarlas.
—Cuídate... y trata de no enamorarte.

...

Salí de los estudios Abbey Road y fui hasta mi vehículo. Arranqué con dificultad gracias a las fanáticas que ocupaban opacar la salida y al final, pude conducir tranquilamente por la ciudad.

Comenzaba a anochecer. Era lluvioso como casi todos los días, así que decidí bajar la velocidad para ver con cuidado.

Recordé entonces que nadie más quería quedar como el pobre de McCartney y ese bonito diente partido.

...

Lluvias de primavera: no mis favoritas pero llego a soportarlas de vez en cuando... aunque pensándolo bien, aquí en Londres no se nota la diferencia entre estaciones.

Tenía que dejar de divagar y dedicarme a caminar más rápido ya que comenzaba a empaparme, aunque... vamos... mojarse un poco no hará daño ¿o si?

Sí, definitivo. Y no mojarse sólo por agua "de la naturaleza", sino por un auto que ha pasado al lado de ti y termina dándote un baño.

... Groovy.

—Maldita sea... — suspiré después de ver mis calcetas empapadas, zapatos y la parte baja de mi falda.

El auto que pasó, dio reversa por alguna extraña razón. Tal vez, sólo tal vez... pudo leer mis pensamientos.

—No puede ser — sonreí mientras observaba al conductor.
barrió mi cuerpo con su mirada y rió un poco —Oh, creo que lo siento... pero no tanto eh...
—Al menos regresaste para disculparte.
—Sí, pasa que soy una buena persona.
—Eso veo — reí.
—Qué sorpresa Susanne.
—Sí... qué sorpresa — apreté mi falda para quitarle el exceso de agua.
—Mírate, estás empapada.
—¿Tú crees?
rió —Ya dije que lo siento. Pero bien, ¿adónde ibas?
—A mi universidad.
—¿Ese es tu uniforme? — señaló con su dedo índice.
—¿Crees que saldría con el uniforme?
volvió a reír —Déjame llevarte — abrió la puerta de su derecha.
—No no... de verdad, me queda cerca.
—Mientes. Vamos, sube... debo disculparme de alguna otra manera.
—... Está bien.

...

—Susanne, quisiera saber si fuiste el viernes pasado.
—Claro, ahí estuve.
—¿Y por qué no te vi?
—Quizá porque había medio Londres en tu casa.
—Ah ya. ¿Y cómo es que Paul te vio?
un sentimiento de nerviosismo se apoderó de mí —Cómo... ¿cómo sabes?
—Salió el tema un par de días después. Dime, ¿qué tal McCartney?, buen chico ¿no?
—Sí... es muy agradable... simpático y tiene un porte elegante.
—Oh vaya, si que te agradó.
—Ajá, no parece ser el soberbio de ustedes sólo por ser una cara bonita, y el escritor... McLennon, ya sabes.

Rió y suspiró.

—... Y tú no pareces ser el serio.
—Eso dicen. Estoy pensando seriamente demandar a cada periodista que me describe de tal manera.
—Pues deberías, sólo causan mala impresión de ti... o mejor dicho, de ustedes.
—Me alegra saber que ya no estás tan cegada, así alguien más sabrá quiénes somos en realidad.
—Igual me alegra, aunque bueno... esos fanáticos son los plásticos, los que se dejan llevar por la moda o por su físico.
—¿Y tú no eres uno de esos?
—George... ni siquiera soy su fan.
—Dulce y cruel realidad — bajó el volumen de la radio —Y dime: ¿qué hacías antes de que por causalidad nos volviéramos a encontrar?
—Caminaba.
—¿Y antes?
—Estaba perdida, pero seguía caminando.
—¿Y antes de perderte?
—Ehh... fui a la tienda de discos donde nos vimos aquella vez.
—¿Sólo para matar el tiempo?
—Algo así — sonreí y bajé la mirada. Comencé a sacudir algunas gotas de agua del sobre de las fotos.
volteó un poco, sin quitar la vista de la pista —¿Qué llevas ahí?
—Son unas fotografías.
—¿Puedo verlas?
—Sí, pero ahora no... estás manejando. No querrás darle un baño a alguien más ¿o sí?
—Bueno, sería divertido ver con quién me encuentro esta vez — sonrió —Espera un momento.

Y en ese mismo instante, buscó una parada y se estacionó. Me miró pidiendo el sobre, entonces se lo di.

—Vaya... — dijo mientras sacaba poco a poco cada fotografía —Yo conozco a este hombre... creo que le dicen Paul McCartney.

Reí un poco, era la típica risita nerviosa.

—¿Se las ibas a dar?
—Ese es el dilema. No sé cómo encontrarlo... por eso es que fui a la tienda de discos, para ver si podía hablar con ¿Freda? — asintió —... Y darle las fotografías para que por favor, se las diera a Paul.
—Si quieres... Mira, lo veré mañana entonces... creo que puedo dárselas.
—¿De verdad?
—Claro.
—Maravilloso.
—Bien... — seguía mirándolas —Me agradan.
—¿En serio?
asintió —Y sé que le agradarán igual.

Sonreí.

—Me han dado ganas de tener las mías.
—¿De que yo te tome fotografías?
—Cómo crees, me refiero a tener una secuencia fotográfica de Paul. Es que... se ve tan bien...
reí —Pues... si quieres.
—Nah, olvídalo — interrumpió —Veo su lindo rostro todos los días. Fuera de eso, digo que, sería un placer ser tu modelo... un día... no muy lejano.
—Sería un placer para mí.
—Uy, ¿lo ves? Estamos al par.

...

El viaje había durado alrededor de una hora. Se había hecho de noche y yo, sinceramente, no quería bajarme del auto.

—¿Aquí es? — miró el lugar con un gesto de disgusto.
—Sí.
—Y según Susanne Gretchen quedaba cerca.
reí —Creo que me equivoqué.
—Creo que sí.
—Parece un reclusorio, ¿no?
—... Ah que... ¿no es un reclusorio?
—Pues... sí, lo es.
—Ya veo. Te deseo mucha suerte entonces.
—Gracias... y gracias por el viaje.
—De nada.
sonreí —Saluda a los chicos de mi parte.
—Claro. Sé que también John Lennon tuvo el placer de conocerte.
—Oh...
—¿Cómo es que se comportó?
—Bien, bien. Digamos que es muy... muy... ¿divertido?
—Fuera de las drogas y el whisky... digamos que, bueno... claro que tiene lo suyo.
—Y no lo dudo — bajé del auto.
—¿Me dejaste las fotografías?
—Cierto — las coloqué el sobre en el asiento delantero —Gracias por esto también.
—No hay de qué. ¿Le digo que son de tu parte?
—Sí... bueno... — necesitaba no sonar muy emocionada —... como quieras.
suspiró —Está bien.
—Entonces... creo que, nos vemos.
—Hasta pronto, Susanne.

Por último, cerré la puerta de su auto.














...





¡Hola, hola!

Qué bonito se siente subir por acá, y es que necesitaba hacerlo. 

Sucede que, tengo miles de ideas para esta fic que tengo ganas de subir muy seguido, pero necesito enfocarme más en la otra fic {que queda poco} así que... bueno.

El caso es que, después de unas cuantas décadas, por fin subí aquí.

Espero que les agrade como es que va la historia y todo eso.

¡Gracias por leer! Las adoro muchote.

Besos y abrazos.

<3




viernes, 31 de octubre de 2014

4. I Remember You

1966.

—Hey, qué tal.
—Oye... yo ya te vi antes, ¿no?
—Claro, estaba aquí hace tres horas y media, más o menos.
—Cieeeerto, con ese chico que tenía pinta de Tony Hicks.
Reí —¿Lo has visto?
—¿A quién?
—A ese chico, su nombre es Danny.
—¿Fanny?
—¡Danny! — grité en su oído, el chico estaba algo muy drogado.
—Ah sí... Salió hace 20 minutos, al lado de una chica... lo siento mucho.
—¿Por qué lo sientes?
—Seguro se dejó llevar por el ambiente y por eso quedó con otra chica.
—¿Qué? — volví a reír —No no, el clon de Tony Hicks y yo somos buenos amigos, sólo eso.
—Entonces me alegro.
—Yo también... — suspiré —Gracias de todas maneras, nos vemos.
—Cuídate, vive feliz.
—Igual tú — sonreí irónicamente mientras veía su cigarro de hierba.

Daniel Henderson, tenía que suponerlo. Sólo había venido por chicas drogadas, y claro, drogas gratis. Ni qué hacer, tendría que regresar sola.

—¿De verdad ya tienes que irte?

Una sonrisa apareció en mi rostro al escuchar de nuevo esa voz. Di media vuelta y lo miré.

—Me he quedado solo — rió.
—No eres el único.
—Suena bien.
sonreí —Pero sí, tengo que irme.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, no te molestes — tomé mi bolso.
—¿Por qué me molestaría? Así como me acompañaste a fumar un cigarrillo a la terraza... pues, déjame devolverte el favor — sonrió —Vamos.
—¿Seguro?
—Seguro.
—Está bien.

Comenzamos a caminar hasta la salida.

—¡McCartney! — gritaron
volteó de inmediato —Joder... — lo escuché susurrar —Susanne, ¿podrías esperar un momento?

Tomó mi brazo y al sentirlo, asentí rápidamente.

—Esto será largo... — susurró de nuevo —Te recomendaría que fueras algo... paciente.

Volteamos y mi sorpresa no tardó en llegar.

—McCart... — me miró —Es linda... — dijo en voz leve y golpeó el hombro de Paul mientras él reviraba los ojos —¿Has quedado con Paul? — me miró.
—Está drogado — volvió a susurrar a mi oído —¿Que no tenías con quién pasar la noche?
—Me ha dejado por unas palabras, según ella "de mal gusto", y es que no gusta que en media acción te digan Brigitte Bardot cuando tu nombre es... mierda, ¿cuál era su nombre?

Paul encarnó una ceja.

—No recuerdo, pero dime... ¿tú qué opinas?, ¿te gustaría? — enfocó su mirada en mí.
—Ni aunque me confundieran con Brigitte Bardot.
—Pero, fue algo bueno ¿no?
—Yo creo que... no.
—Como decimos: una mujer habla por todas, y he ahí la respuesta. Ya entonces, le confundí y... y... bueno. Después, salí a fumar un poco.
—Hoy no fue tu noche.
—En lo absoluto. Pero dime... ¿qué tal la tuya, Paulie?
—Interesante.
—¿Ah sí? — me guiñó un ojo y lo miré con una sonrisa que se fue borrando, sabía a qué se refería —Dime, ¿cómo te llamas?
—Susanne.
—Susanne, ¿apenas van a...?
—Iba a acompañar a Susanne a tomar un taxi — interrumpió.
—¿Es cierto eso, Susanne?

Asentí.

—Antes de que la fiesta comenzara en sí, él había mencionado que necesitaba damas de compañía. No eres una de ellas, pero si te has topado con Paul caliente urgido McCartney, él piensa que todo está bien.
—Dios... cállate.
suspiró —Bien, lo siento. Noto que no tienes nada que ver con Paul; en todo caso, ¿quieres salir conmigo?
sentí la mirada de Paul en mí —... Claro.
—Vamos a...
—Pero otro día, ya tiene que irse — Paul lo volvió a interrumpir.
—Vaya, Susanne... ¿tienes abogado?

Reí, no sabía qué decir aún. Malditos nervios.

—¿Dónde puedo localizarte? Digo, para que quedemos otro día más a gusto.
—Yo te lo hago saber — dijo Paul —Ahora dejemos a Susanne tranquila ¿si?, mejor entra a la casa y duerme en el cuarto de huéspedes.
—Seguro está ocupado por un par de calientes como tú comprenderás. Acompañemos a Susanne a tomar su taxi, ¿no te molesta?
—Sigue mi consejo, no querrás terminar con jaqueca un día de grabación — aconsejó.
—No tengo nada que hacer ya, todos están en un cuarto o volando a la dimensión desconocida. Susy... espera... ¿te puedo decir Susy?
—Seguro — sonreí.
—Susy... yo tenía una novia que se llamaba así, bueno, era más como una de esas niñas que las molestas jalando su cabello o algo por el estilo y nunca te hacen caso... Seguro cada vez que enciende su televisión y estoy ahí, se ha de arrepentir.

Paul tenía una sonrisa que demostraba vergüenza, un gesto que hacía lo mismo y no dudo que en su interior estuviera apenado igual.

—Vamos entonces — Paul comenzó a caminar —Se hace tarde.

...

—¿Universidad? Entonces seguro y no pasas los 23.
asentí —Cumpliré 20.
—¿Si?
—Sí.
—Groovy.

Nos encontrábamos los tres en tal soledad con el faro de la calle apuntando a nosotros, ya eran casi las 3:00 a.m.

—¿Y por qué estás aquí? Sin ser grosero, pero me parece que yo no te invité.
—Eso sonó demasiado grosero — dijo Paul.
—No Susanne, lo pregunto de buena manera. Sólo quiero saber, simple curiosidad... no te había visto antes, sino claro que te hubiera invitado.
—Bueno... fue George, George y Ringo.
—¿Los conoces?
—Poco, he hablado dos veces con George y una a Ringo.
—George — miró a Paul —¿Serás invitada pasajera entonces?
—¿A qué te refieres?
—A que si... no sé — me miró —¿Eres amiga de él?
—No creo que en dos charlas se pueda ganar una amistad tan fácil.
—Y nosotros que hemos platicado una sola vez... creo que, ¿no soy tu amigo? — dijo Paul.
—Bueno, ¿tú me consideras una amiga?
—Claro.
—Entonces somos amigos — sonreí.
—En todo caso no serás pasajera si el señorito McCartney te considera una "amiga" — guiñó un ojo.
—... Mira Susanne, un taxi — dijo Paul, para romper esa tensión.

Le hizo la parada y éste respondió parándose exactamente frente a los tres. Abrió la puerta trasera y entré para que después la cerrara.

bajé la ventanilla rápidamente —Espero que te vaya muy bien — sonrió.
—Gracias, igual a ti.
—Y pasa a ver a Brian, digo...
—... ¿Qué tal si no hay lugar?
—Sería una lástima. El caso es volver a vernos, le debes una cita a John — señaló con los ojos.
—Cómo olvidarlo.
—De todas maneras, me gustaría ver alguna fotografía de la secuencia que me tomaste... serían muy valiosas para mí.
—Claro, un día de estos.
—Perfecto.
sonreí —Gracias por los cigarrillos también... y la plática interesante.
—De nada — se separó del auto —Cuando quieras.

Nos miramos con una sonrisa.

—Susanne Susanne, ¿querrás decirme tu nombre completo? — preguntó John.
—Susanne Gretchen es — Paul contestó por mí.
—¿Es verdad?
—Sí John, es verdad... ahora deja que se vaya.
—Ya, hasta pronto Susy Gretchen.
—Hasta pronto...

El taxi arrancó dejando al par por detrás.

—Pero qué suerte.
—¿Qué dice?
—Eso, qué suerte. No a cualquiera le toca que Paul McCartney y John Lennon suban a una señorita a un taxi, y menos si es el mío.
—... Es verdad... qué suerte.

Mi mirada se enfocó en el paisaje que pasaba por la ventanilla.

No lo había pensando del todo. Había conocido a dos Beatles más... ¿Cuánta suerte se puede tener?













...


Antes que nada: ¡feliz halloween!

Sé que aquí donde vivo no se celebra, pero acepto que es una de los fechas favoritas... después de navidad claro.

Y bueno, necesitaba subir exactamente antes de que octubre terminara. Además de que me han pedido capítulo nuevo, y nada me costaba subirlo (porque ya están escritos).

Gracias por leer y comentar lo mucho que les está agradando tanto como a mí, les agradezco muchísimo.

Prometo subir pronto en cuanto termine mi otra fic, porque las pocas ideas buenas las estoy dejando para acá.

En fin, las adoro demasiado.

Besos y abrazos.

<3




viernes, 3 de octubre de 2014

3. I Remember You

Febrero.

"¿Quién sigue ahora? 

...

¿Paul McCartney?"

1966.

—¿Estás mal de la cabeza o qué te sucede?
—¿Qué? — reí —No, ¿por qué?
—¿Cómo carajo?, oh Sue... tu sueño son The Rolling Stones, no esos tipos.
—Pero no son cualquier tipo de persona. Además, no son mi sueño.
—Digamos que... son tu meta.
—Una vez dijiste que lo mío es lo artístico, y te digo que The Beatles son artísticos, ¿qué hay de malo en eso?
—¿Quién te ha picado?
suspiré y tomé mi vestido —¿Puedo cambiarme aquí? — abrí la puerta de su armario.

Hizo una seña con su mano indicando un "adelante".

—Gracias — entré y cerré —Bueno, contestando a tu pregunta con sentido; tal vez fueron dos Beatles.
—A ver, supongamos que están frente a ti... ¿cómo piensas hacerlo?
—Ese es el problema — contesté detrás de la puerta.
—¿Sabes cuándo conseguirás tomarles fotografías?, ¿tienes una idea?
—Pues... son muy agradables.
rió —¿Y?
—Supongo que será fácil.
—Será un poco incómodo. Veamos... — aclaró la garganta —Hola Gorgy — imitó mi voz.
reí —¡Es George!
—Hola como sea... ¿puedo tomarte una fotografía? Ah que, ¿es más fácil acostarme contigo? Bueno, si tú lo dices...
suspiré después de colocarme el vestido —Danny, deseo salir de la universidad, y por eso pensé en todo; necesito buen contenido fotográfico... y ellos son una buena jugada.
—Repito, estás mal de la cabeza.
—Reprobé biología, así que eso creo. Pero es un hecho que no llegaré a ningún lado si sigo ahí... Quiero pensar que juntar unas cuantas palabras con dos de los famosos Beatles me servirá de algo.

Volvió a reír con un poco de volumen, más que sólo un poco.

—Guarda esa risa — salí de ahí —Escucha: no me interesa por lo que tenga que pasar, pero cueste lo que cueste, tendré fotografías de ellos — sonreí y lo señalé —Y... tú me ayudarás.
borró la sonrisa burlona de su rostro —Oh no, no no no y no.
—¡Sí, vamos! Quédate conmigo, no sólo estarán The Beatles... — comencé a morder mis uñas mientras pensaba —¡Pero claro! Puedo tener contacto con los Stones si... ¡si tengo relación con The Beatles!
—Sí Susanne, sí — dijo con sarcasmo.
—Entonces ¿qué dices?, ¿me acompañas?
—... No.

...

—¡Feliz cumpleaños mi querido hermoso y adorado hermanito!
—Gracias.
sonrió —¿Qué opinas de la fiesta?
—Pensé que sería algo más secreto... ya sabes, donde alguien puede llegar a drogarse o algo así. Invitaste a medio Londres.
—Pero son personas de confiar, ya verás.
—Eso espero... Por cierto, ¿sabes dónde está Ringo?
—No, pero bueno, tiene una esposa y un hijo.
—Como tú.
—Sabes que mi caso es diferente.
suspiré —¿Tampoco sabes dónde está el "otro"?
—Eh... no.

Miré por detrás de él.

—Hablando del rey de Roma...
—Rey de Londres, por favor — rió y me miró —Pero qué tenemos aquí... un George Harrison de 23 años. Joder, voy a llorar.
—No me asusta si es sarcasmo.
—Invitaste a... tu sabes...
—No, no invitamos a "señoritas de compañía".
—¿Ni una sola?
—No cambias ¿verdad, querido?
—¿Qué te digo? Uno llega a aburrirse de la rutina.
—¿Y para qué son las tabletas?
—Esas cosas son buenas... demasiado diría yo. Pero vamos, nos dejará idiotas... aunque bueno, contigo se han adelantado — golpeó su hombro y rió un poco.
—Cállate.
bufó —Hablo en serio, ¿de verdad a nadie?
—Ya habrán mujeres que caigan a tus pies.
—Y a tu cama — agregué.
—Tienen razón... Nos vemos entonces, iré a perderme — guiñó un ojo.

...

—Hay demasiada gente.
—¿Será la fiesta correcta?
—Quiero suponer.
—Sue... — dijo en un tono irritante.
—Me parece haber visto una famosa cara conocida.
—¿Y no le tomarás una fotografía?
—No es un Beatle ¿o si? — entramos a la gran casa después de ser registrados mil veces.
—¿No los buscarás?
—No creo encontrarlos.
—Pero por eso estamos aquí...
—No sólo por eso, ¿que no te aburres de ir a tomar un café a Piccadilly todos los viernes?
—¿Y tú no te aburres de ver vestidos en Carnaby Street?
—Ah... — lo miré —... cállate.
rió —Vamos a tomar asiento mientras alguno de ellos se aparece.


...

Ya habían pasado más de 2 horas y media, y claro... seguíamos sentados en el mismo lugar.

Danny se había encontrado con dos amigos y teníamos compañía, pero aún así, el ambiente no dejaba de ser aburrido... Casi todos se encontraban en un largo viaje.

—¿No quieres nada más de beber?
—No gracias — saqué un cigarro de mi abrigo y lo encendí.

Lo calé lentamente hasta recostarme en el regazo de Danny. Estaba muy agotada... no servía para este tipo de fiestas.

Al mirar a todos lados, cierta persona logró detenerme... Era él, el mismo. Comencé a verlo intensamente, quería "descubrirlo a fondo". Estaba tan concentrada que no sentí la sonrisa que tenía en mi rostro.

No paraba de ver sus gestos... sus expresiones...

El chico era mucho más atractivo en persona que en esas revistas de fanáticas que salían cada semana, y eso que no llamaba mi atención.

—¿Segura? Esto me está quitando la aburrición.

Negué sin decir nada.

—¿Qué tanto ves? — imitó la ruta de mi mirada —Oh...
—Pintoresco, ¿no crees?
—Más vale que el aroma de la hierba no te esté pegando.
reí —Eso espero.

Y por fin, nuestras miradas se encontraron.

Él tenía un gesto cálido. Sus ojos tristes me miraban profundamente mientras jugaba con su mano en la barbilla... Estaba a punto de colocar una sonrisa sobre su rostro, podía verlo. En cambio yo... yo estaba más perdida que nunca, tanto que ni siquiera había notado que estaba sosteniendo su mirada, después lo noté y bajé la cabeza. Maldije mi inseguridad al instante.

Ya hecho mi acto cobarde, seguía sintiendo su mirada algo intimidante pero de mi gusto. Mis mejillas se sonrojaron y quité la sonrisa de tonta que llevaba para reír un poco en silencio. Susanne... ¿estás coqueteando?

Decidí verlo de nuevo. Para mi sorpresa seguía mirándome queriendo ser discreto. Volteó a su mesa y me miró de nuevo, jugando un poco... Después de esa vez, sus ojos permanecieron en la gente que lo acompañaba.

—... Danny — me reincorporé —Ahora te veo.
—¿A dónde vas?
—Tienes razón... iré a tomar un poco de aire.

Caminé hacia cualquier lugar donde pasaría a propósito por la mesa que ocupaba el Beatle, aunque no tuviera intenciones de hablarle. Vi que palmeó el hombro de una persona y se encaminó a mi ruta, después... lo perdí de vista por toda la gente que se encontraba ahí.

—Hey...

Tomó mis hombros después de chocar.

nos miramos —Hola... — dijimos al mismo tiempo.
formó una curva con sus labios —¿Cómo te va?
—Muy bien... ¿cómo te va a ti?
—Muy bien también.

El juego de palabras provocó una pequeña risa entre nosotros.

Lo miraba directamente a los ojos y me sorprendía que lo hiciera... Mis mejillas ardían, y no dudaba que mis pupilas estaban completamente dilatadas como las suyas, en sus ojos color avellana.

—Soy Paul McCartney.
reí —Lo sé...

Observaba cómo miraba mis labios y lentamente fue repasando mi rostro sin decir nada hasta después de unos segundos...

—Cierto — sonrió —Hay demasiada gente ¿no crees?
—Sí — suspiré profundamente, tratando de calmar mis nervios.
—Iba a salir a fumar un cigarrillo...
—... Yo... yo también — mentí.
—¿Quieres hacerme compañía?
—Claro, vamos.

Al caminar hacia la salida, prácticamente seguíamos nuestra plática a gritos gracias al ruido.

—¿Quién eres exactamente?
—Eh... una invitada de...
—No no — rió —¿Cómo te llamas?
enrojecí un poco —Susanne.
—Susanne. ¿Eres de aquí?
—No... vengo de Nueva York.
—¿De verdad?

Asentí.

—Interesante...

Salimos e inmediatamente, me ofreció un cigarrillo.

—Gracias — lo tomé, se acercó a mí junto con su encendedor y comencé a calar hasta que por fin encendió.
—¿Qué te trae por Londres? — hizo lo mismo con su tabaco.
—La fotografía.
—¿Eres fotógrafa?
—Eh... eso intento.
—Hmm, una fotógrafa de Nueva York — silbó un poco, aclamando lo que dije —¿Por qué intentas?, ¿qué te lo impide?
—Mi universidad.
—¿No estudias fotografía?
negué —Estudio medicina pero no es lo mío. Quiero tener buenas fotografías para lograr dedicarme a lo que amo... entonces, estaba pensando en ustedes.
—Me agrada tu elección, deberías dejar tus fotografías con Brian Epstein.
—¿Brian Epstein?
—¿Sabes quién es?
—Creo que... no.
rió —Él es nuestro mánager, y las fotografías imprevistas de los paparazzis no son siempre de nuestro agrado, así que serías algo como... ¿fotógrafa personal?
—¿Y sólo así?
—Claro, siempre y cuando haya lugar. ¿Qué tipo es tu fotografía?
—Sólo capto lo que me encantaría ver una tras otra vez.
—¿Te encantaría ver este bello rostro una y otra vez? — rodeó su rostro con su índice.
volví a sonreír, aunque la sonrisa que tenía desde el comienzo no se había ido —¿Por qué no?

Rió.

—... Hace unos días me encontré con George y Ringo, entonces me invitaron.
—¿Y has venido a tomarnos fotografías tipo paparazzi? — debilitó sus gestos.
—No no. Fue coincidencia, pura coincidencia de encontrarme con George hasta dos veces... quizá suerte.
—O destino... — me miró fijamente —¿Crees en el destino?
—Pocas veces, ¿tú crees en él?
—Claro — soltó el humo de su última calada —Situaciones así provocan que crea en él.

Sonreí a su respuesta.

—Linda sonrisa.
—Gracias.
—Lamento no ofrecerte una desde hace un buen rato, pero creo que ya viste el aspecto de mi dentadura.
—Un diente frontal partido.
hizo un gesto de desagrado —Lo detesto.
—Creo que es interesante. Jamás había visto a una persona así.
—Yo creo que no es agradable ser el primero en esa categoría — rió.

...

Encendió un cigarrillo, uno de los miles que llevábamos alrededor de toda la plática. Tomé mi cámara y la coloqué al lado de mí.

—Tu cámara es algo antigua, ¿no?
—Sí, la compré hace unos cinco años — se la ofrecí y la tomó.
—Ya veo... es muy bella. ¿Funciona bien? — comenzó a mirarla, dándole vueltas.
—Siempre y cuando tengas una buena imagen.

Sonrió y me miró.

—Ten... — la regresó a mis piernas —Muéstrame un poco.
—Bien. Veo que tienes luz a tu lado derecho... y tu perfil es... — nos miramos y puse la cámara en mi rostro para cubrir mis mejillas ruborizadas por milésima vez —... muy... sutil.
—Gracias — sonrió —Dime, ¿qué hago?
—Sé tu mismo.

Comenzó a calar mientras miraba los árboles que tenía atrás de mí.

—Buena idea la de George mudarse algo retirado de Londres.
—¿Por qué lo dices?
—En Londres todo es igual... calles, casas, edificios... A veces hace falta salir a respirar.
—Es verdad. Nueva York es la ciudad con más movimiento que he visto, y... sin embargo, Arizona es mi lugar preferido... campo, árboles, naturaleza...

Volteó y me miró.

—Deberías ver los campos de aquí. Escocia es mi lugar preferido, todo es en tonos naranjas y amarillos, diferente al típico gris londinense.
—Me imagino... Todo ha de ser fotogénico.
—Demasiado — bajé mi cámara y me miró —... ¿Has terminado?
—Ni siquiera he comenzado.
rió —¿Ah no?

Hundí mis hombros y bostecé levemente, cubriéndome con mis manos. Levanté el brazo izquierdo para ver el supuesto reloj que debía encontrarse ahí, y no estaba.

—Las 2:00a.m. — dijo después de ver su reloj —¿Estás aburrida?
—No, nada de eso, pero... ¿no crees que es algo tarde?
—Ni he sentido el tiempo, y para los otros, el tiempo se ha pasado volando... por suerte, sólo hemos salido a fumar un cigarrillo.

Sonreímos.













...



¡Mis queridas y bellas lectoras!

Antes que nada, me quiero auto-dedicar ese hermoso gif de los hermosos ojos del hermoso de Paul McCartney. 

~ Feliz cumpleaños a mí ~ 

Quise subir sí o sí, y claro que sería aquí ya que las he dejado tanto tiempo.

A mí me agrada mucho esta fanfiction, y espero que a ustedes igual, a ver qué es lo que sucede después ya que por fin apareció *ashjkalsjs* McCartney.

Bueno, espero que estén de lo mejor.

Las adoro muchísimo.

Besos y abrazos.

<3


lunes, 4 de agosto de 2014

2. I Remember You

Febrero:

"¿Cómo puedo comenzar? ... ¿Con un típico "querido diario"? Hmm, no. Hola de nuevo querido amigo, o tal vez amiga, sigo sin decidir qué es lo que realmente eres.

Todo volvió a comenzar... Fue consejo de la psicóloga algo tardado. Me ha recomendado seguir con mi rutina de cada año. Por cierto, ahora es 1966.

Pero comencemos con lo interesante, con lo que verdaderamente me importa, algo que tengo que anotar para recordar siempre:

En el Shea, como ya sabes en el diario anterior; sucedió algo que tal vez hasta el siglo XXI las personas recuerden... El caso es que en aquellos momentos, por los gritos de las mujeres, nunca imaginé que me llegara a emocionar conocer a uno de los cuatro chicos más deseados. Y no, aún no lo sabe Audrey.

Después de que todo comenzara gracias a que el joven caballeroso me ofreciera fuego, platicamos un poco. 

Al final no preguntó si contaba con algún número, ni siquiera mi dirección, o en este caso, mi universidad... no, nada... nada para volver a charlar una noche aburrida.

Dijo: te veré pronto.
Y contesté: ¿cómo estás tan seguro?
Respondió: sé que así será.

George Harrison, qué persona."

1966.

—¿Qué era?

Me dio sus apuntes.

—¿Y dónde era?
—¡Ahí dice!
—... Es algo tarde Audrey, ¿por qué no me acompañas?
—Tengo pereza.
—Audrey por fa...
—Te recuerdo que me debes un favor — interrumpió.
—¿Segura que quieres desperdiciarlo ahora?
—Sí. Ve antes de que se haga más tarde y no se encuentre abierto.

...

Bajé el papel después de leer de nuevo la dirección. Era el lugar apropiado, una botica. Antes de entrar, me pregunté varias veces: ¿por qué carajo elegí estudiar éso?

"Lunes a viernes:
08:00a.m. - 22:00p.m."

Perfecto, me quedaban unos minutos todavía, así podía pasar a esa llamativa tienda de discos en el edificio de al lado que por sorpresa, seguía abierta.

Entré rápidamente y recorrí los pasillos hasta ver a mis cinco chicos favoritos. Miré "Out of Our Heads" unos cuantos segundos hasta que recordé que tenía dinero en los bolsillos. Lo tomé y fui hasta la caja.

—¿Hola? — golpeé levemente el timbre de ahí —¿Hay alguien?

Nadie contestaba.

—¡Tengo prisa y necesito llevarme el disco!
—¿Quién más está afuera? — dijeron del otro lado de una puerta.
—Sólo yo... ya es tarde.
—¿Qué es lo que llevas?
—Unas papas fritas, y más porque aquí sólo venden discos.
rió sarcásticamente —Muy graciosa.
—... ¿Podrías cobrarme? Tengo que ir a otro lugar.
—¿De quién es el disco?
—Sal y entérate.
—¿Cómo sé que estás sola?
—Confía en mí.
—... Que sea rápido.

Salió de la puerta y lo observé... ¿Me están jodiendo?

—¿Cuánto?
—Son 7 euros.
—Vale — busqué el dinero en mis bolsillos.
—Date prisa.
—¿Quién te busca?, ¿la policía?
—¿Por qué tomas el trabajo del ayudante de Freda? — la voz provenía detrás de mí.
—Porque no hay nadie, y los gritos de esta mujer me estaban aturdiendo.
—Aquí tienes — sonreí tiernamente y puse los 7 euros en el mostrador —Mi disco — extendí la mano.
—Ten — lo arrastró por el mostrador y lo tomé.

Al dar media vuelta, no podía creer quién estaba ahí.

—Oh vaya. Tenía razón, sabía que nos volveríamos a encontrar.
sonreí —George... ¿Qué tal?
—¿Qué tal? — repitió igual con una sonrisa —Ven Rich, ella es de confiar.
—Ya veo. No tiene ningún efecto Beatle.
—Así es — me miró —¿Puedo ver qué llevas ahí?

Coloqué el vinilo en toda mi cara.

—Hmmm, es bueno.
lo bajé —¿Sólo bueno?, ¿estás bromeando?
—Un poco — su amigo terminó por acercarse —¿Ya conoces a mi camarada?
—Creo haberlo visto en el Shea, el año pasado.
—¿Ah sí?

Asentí.

—¿Fuiste a vernos al Shea?

Volví a asentir.

—¿Por qué no me dijiste? — preguntó George con media sonrisa, mostrando esos llamativos colmillos.
—No es muuuuuy importante.
—¿Tienes algo nuevo para contar?
—No, nada. Sólo que me he encontrado contigo de nuevo.
—Ya ves lo pequeño que puede ser el mundo.
—Sí, ya veo.
miró a su amigo —¿No llegó el otro par?
—No.
—Cenaremos solos esta vez.
—Eso parece.
—A menos que... ¿Ya cenaste Susanne?
me sorprendió el hecho de que recordara mi nombre —Aún no.
—¿Y a dónde irás ahora?
—A la botica.
—No estarás enferma ¿o sí?
negué —Es por mi... universidad...
—¿Universidad?
—Sí.
—No bastó lo poco que hablamos hace un año... ¿Qué te parece si vamos a cenar los tres?
—Claro — sonreí mientras los miraba.
—¿No te enoja? — miró a su compañero.
—En lo absoluto.

...

Eran ya las 23:40pm. El frío comenzaba a apropiarse de Londres más que de costumbre, pero no le tomaba importancia, no mientras estuviera con ellos dos.

—Susanne, no creo que sepas que se acerca el cumpleaños de George.
—Creo que sí — suspiré.
—Me alegra — rió George —Qué dices, ¿la invito?
—¿Invitarme?
me miró —Tarde o temprano la invitación llegaría a tus oídos...
—Resulta que Lennon lleva invitando a casi todo Londres.
—Oh... — dije aún desorientada —¿Y bien?
—16, Claremont drive.
—En Surrey.
—Este viernes.
—Esperamos que puedas ir.
—Es... una... ¿fiesta?
—Con pastel, gorritos y serpentinas — George guiñó el ojo.
—Tú sólo ve.
—Está bien. Este viernes, Claremont Drive.
—16.
—Surrey.
—Okay.

Seguimos caminando mirando nuestra ruta.

—¿Sabes qué George?
—¿Qué sucede?
—Susanne dice no ser nuestra fan, pero debe aceptar que en realidad lo es.
—¿Por qué lo dices? — reí
—Hace unas horas, la escuché decir mi nombre.
bufé —Vamos, ¿cómo no saber que eres Ringo Starr?
—Dijiste Richard.
—Ringo, Richard... Bueno, es casi lo mismo.

George rió.








...


¡Mis bellas lectoras! 

Me pone muy feliz que les esté gustando la fic. Saben que les agradezco muchísimo.

Aquí tienen otro capítulo, (no me equivoqué esta vez) ... después de casi un milenio.

De verdad lo siento... pero es que he estado más concentrada en I love you, that's all I want to say.

En fin, espero que les guste... ¡Las adoro!

Besos y abrazos.

<3